Desde que emergieron, hace ya algo más de
cien años, los procedimientos psicoterapéuticos tradicionales vienen
demostrando su validez en la solución de los desequilibrios y desajustes emocionales que sufren los individuos. Por lo regular, estos se han basado en intervenciones clínicas y, cuando el caso lo amerita, en prescripciones
farmacológicas. El éxito de tales procedimientos es muy variado, desigual
podría decirse, ya que no existe una constante que dé razón de su efectividad
general, si bien, puede atestiguarse que cada vez más los estudios confirman
que resulta mucho más beneficioso asistir a terapia psicológica, cuando la necesidad parece evidente, que
privarse de ella.
Dentro de la ya extensa pluralidad de propuestas
psicoterapéuticas de que dispone la psicología clínica, desde hace unas décadas,
algunas nuevas tendencias han ido emergiendo, con la particularidad de que las
mismas no proceden del todo del contexto clínico Occidental. Esto ha dado lugar
a que muchos terapeutas las hayan visto con recelo y no pocos con gran
escepticismo, al punto de considerarlas engañosas. Y, sin embargo, algunas de éstas propuestas bautizadas con el epígrafe de terapias alternativas, hoy día están siendo
aceptadas cada vez más por una parte de esa misma clase ortodoxa que una vez la desestimó, pero que actualmente las viene
integrando bajo el marbete de terapias complementarias. En este abanico de ofertas,
en el cual cabe esperar encontrarse con algunas que no cumplen del todo con los parámetros estandarizados para ser consideradas herramientas psicológicas genuinas, nos interesa una en particular: la Meditación. La meditación que ha logrado, al momento, tener una ingente suma
de investigaciones capaz de mensurar sus bondades, que parece que son muchas, al
punto que se ha abierto una nueva línea de exploración conocida como: neurociencia contemplativa.
Aunque las evidencias sobre los beneficios
que aporta la meditación se remontan a los años 60 –y existen estudios todavía más anteriores en India
y Europa- es durante las últimas dos décadas donde esta ha concitado una mayor
atención por parte de la comunidad científica. Esto se debe, en parte, a que los hallazgos vienen mostrando su eficacia en el tratamiento de condiciones hoy día tan extendidas como el estrés crónico, la ansiedad y otros desórdenes de carácter emocional. La aparición de cantidad de artículos publicados en revistas especializadas y científicas donde se describen las propiedades profilácticas de la meditación en la estructura psicológica la colocan como una alternativa nada desestimable en el contexto clínico.
***
La ansiedad*, actualmente es uno de los grandes males que el modo de vida vigente está creando. Según estimaciones de la Organización Mundial
de la Salud
(OMS, 2011): "una gran proporción de padecimientos físicos tienen un componente emocional", siendo el más común precisamentela ansiedad." La
población más afectada no se encuentra ya, forzosamente, en el sector
socioeconómico menos privilegiado -si bien es cierto que en tales medios se
acumula una creciente cantidad de frustraciones cotidianas que la genera- sino
que las tasas de ansiedad se descubren en cualquier esfera del espectro
socioeconómico y sociocultural. A pesar de ello, es en la consulta clínica
donde más comúnmente se observan casos de ansiedad ordinarios o patológicos. Por
lo regular, en la atención médica primaria muchas personas van a sus médicos aquejadas de dolencias y sufrimientos sin darse ellas mismas cuenta -ni sus
facultativos- de que la razón es una somatización debido a algún estado de agobio (o estrés) arraigado durante muchos años.
La ansiedad, siendo el trastorno emocional
más frecuente, puede ser enfrentada, disminuida o en gran medida corregida por
la meditación. Lo antes dicho, no necesariamente valida que la psicoterapia
deba ser dejada a un lado, y sin embargo, hay que tener presente que la
meditación funciona ya sea que se esté bajo tratamiento o no. Esta es precisamente una de sus grandes
ventajas, pues la meditación permite que el paciente, luego de entrenarse, pueda trabajarse a
sí mismo fuera del consultorio.
Los estudios demuestran que la
meditación no presenta prácticamente ningún peligro y que suele ayudar, en cambio, a
la integración de emociones dispersas y desenfrenadas, al inducir a la calma y
a la tranquilidad, todo ello porque repercute positivamenteen
todo el organismo, desde la anatomía, la neurofisiología, el metabolismo, el sistemas hormonal, elcardiovascular y el inmunológico.
Investigaciones
neurofisiológicas de la meditación
La meditación produce cambios en la fisiología humana. Vale decir,
cambios positivos en todo el organismo, mismos que son mensurables y las evidencias, tanto las recientes como las de hace varias décadas, así lo legitiman.
Quizá algunas de las investigaciones más conocidas fueron aquellas llevadas a cabo para finales de los años 60, por los doctores norteamericanos Herbert Benson, Presidente del Instituto para la Medicina de la Mente y el Cuerpo de la Universidad de
Harvard, y el Doctor Robert Wallace, quienes efectuaron pruebas experimentales
con varios sujetos, mientras estos meditaban.
Wallace y Benson hicieron
constantes mediciones de la presión sanguínea, la frecuencia cardiaca, la
temperatura corporal y las ondas cerebrales.
A su vez tomaron muestras de sangre de cada sujeto en meditación con la finalidad de
analizarlas y descubrir si había algún tipo de alteración en éstas. La investigación
demostró que durante la meditación se suprimía la actividad del sistema nervioso
simpático (mismo que prepara al cuerpo para la actividad vigorosa durante una
emergencia) y disminuía la tasa metabólica. El ritmo cardíaco también se reducía al igual que la
cantidad de sangre que fluía por las arterias desde el corazón. Algo parecido sucedió con el ciclo
respiratorio y con los niveles de lactato en la sangre
(sustancia ésta relacionada con el estrés). Otro de los notables efectos que pudieron observar en el cuerpo de los
sujetos experimentales fue el de una considerable relajación, muy similar a la
producida por el sueño normal, incluyendo además cantidades relativamente altas
de ondas alfas (Benson, 1976).
Tanto Benson como Wallace llegaron a la
conclusión de que los cambios producidos por la meditación se debían a una
respuesta integrada y de naturaleza refleja inducida por el sistema nervioso
central, la cual le es inherente al organismo humano y a la que llamaron: Respuesta de relajación, debido a la profunda
distensión que se producía durante las sesiones de meditación. Estos doctores sugirieron que si la meditación se practicaba
todos los días podía disminuir los
niveles de acetilcolina, colesterol y azúcar en la sangre y contrarrestar los
efectos de las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y el cortisol, hormas estas que se incrementan durante
situaciones de estrés, provocando lo que se denomina azúcar emocional (Benson,
1976).
Durante la década de los 70, la Meditación Trascendental
(un tipo de meditación focalizada en un Mantra) fue sometida a cantidad de
estudios** reportándose cambios espectaculares en todo el organismo. Estos iban desde el aumento de la relajación, la reducción del estrés, una menor presión sanguínea, mejor
memoria y más creatividad, entre otros. En 1981, salió publicado en
International Journal of Neurociencia, un artículo donde se reseñaba que, al poco tiempo de practicarse la Meditación Trascendental, esta producía una mayor
coherencia en las pruebas de Electroencefalograma (EEG). Para el 2008, la American Psychological
Association, presentó una investigación científica donde documentaba los beneficios
de la práctica de la meditación trascendental tanto para mejorar el bienestar emocional como para el crecimiento personal.
A principios de los años 80, en la Universidad de
Massachusetts, el Dr. Jon Kabat-Zinn, fundador y director de La Clínica de Reducción del
Estrés en la Escuela
de Medicina de dicha universidad enseñaba una técnica de meditación a sus
pacientes a la que llamó Mindfulness -Atención Plena, derivada de la
meditación Vipassana de la tradición budista- con el objetivo de que estos
aprendieran a manejar y controlar mejor el estrés. En un estudio realizado con
más de 16,000 personas, Kabat-Zinn y un grupo de colaboradores pudieron
constatar que la meditación podía disminuir los síntomas de ansiedad y de angustia,
mejorar los cuadros de fatiga crónica e incrementar los niveles de energía.
Otras exploraciones de tiempos más recientes en el campo de la neurociencia sugieren que los beneficios y aportes generados por las prácticas meditativas no se limitan, quizá como se pensaba con anterioridad, a un profundo estado de relajación, sino que la misma puede modificar estructuras cerebrales capaces de alterar el estado anímico. El Dr. Richard Davidson, neurocientífico de
Davidson y su equipo de colaboradores encontraron, realizando pruebas de resonancia magnética y tomografía, que
durante la meditación se producía un aumento en la amplitud de las ondas alfas y que
estas se propagaban a la corteza frontal. Tales patrones cerebrales sugieren una reducción en la actividad mental (Richard Davidson, 2007).
Estudios como estos fueron replicados en la Universidad de Browm
(2013) por Stephanie Jones y Ghristopher Moore, bajo la supervisión de
Catherine Kerr, llegando a hallazgos similares.
En el año 2018, y durante el 5to. congreso de mindfulness, la dra. Sara Lazar, neurocientífica de la facultad de medicina de Harvard, relataba que en sus investigaciones sobre los efectos de la meditación en el cerebro pudo constatar que al meditar de manera habitual se producía una reducción de la amígdala (estructura relacionada con las emociones), y como consecuencia una mayor protección frente al estrés o la ansiedad. Sostenía la académica que tanto ella como un grupo colaboradores pudieron observar un incremento de la materia gris del cerebro de los mediadores, así como un mejor funcionamiento su hipocampo, lo que se traduce en una mejora del aprendizaje y la memoria.
Hace aproximadamente algo mas de una década el Dr. Judson Brewer, director de la Clínica de Neurociencia, en la universidad de Yale, después de observar a sujetos en meditacion con resonancia magnetica funcional (FMRI), declaró que el cerebro de las personas que meditan se diferencia del de
aquellas que no lo hacen, en que los primeros presentan menos actividad
en algunas zonas cerebrales relacionadas con la distracción. Para este
neurocientífico, la meditación puede ser útil para evitar un gran número de
enfermedades mentales, pues al meditar las personas logran mejorar la atención y la concentración, además de lograr modular la hostilidad y los estados obsesivos.
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*La ansiedad
junto al estrés son las perturbaciones que con más frecuencia se ven en la
consulta psicoterapéutica. Aunque el estrés suele establecerse en situaciones
más puntuales, lo cierto es que cuando se cronifica éste puede degenerar en un
cuadro de ansiedad patológica. Por lo tanto, estrés y ansiedad guardan una
relación no pocas veces de causalidad. Ambas situaciones alteran la fisiología
del cuerpo y producen sustancias que afectan negativamente el metabolismo, la
fisiología y el funcionamiento de varios sistemas: cardiovascular, digestivo,
inmunológico, nervioso y endocrino.
**Hoy se atestigua que la meditación
trascendental ha sido enseñada a más de 750,000 personas en todo el mundo de
diferentes edades, genero, profesiones, razas. Esta técnica comenzó a
impartirse en los Estados Unidos desde 1958.


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