viernes, 11 de agosto de 2017

Neurociencia Contemplativa

     
     Desde que emergieron, hace ya algo más de cien años, los procedimientos psicoterapéuticos tradicionales vienen demostrando su validez en la solución de los desequilibrios y desajustes emocionales que sufren los individuos. Por lo común, estos se han basado en intervenciones clínicas y, cuando el caso lo amerita, en prescripciones farmacológicas. El éxito de tales procedimientos es muy variado, desigual podría decirse, ya que no existe una constante que dé razón de su efectividad general, si bien puede atestiguarse que cada vez más los estudios confirman que resulta mucho más beneficioso asistir a terapia psicológica, cuando la necesidad parece evidente, que privarse de ella.  

    Dentro de la ya extensa pluralidad de propuestas psicoterapéuticas de que dispone la psicología clínica, desde hace unas décadas, algunas nuevas tendencias han ido emergiendo, con la particularidad de que las mismas no proceden del todo del contexto clínico Occidental. Esto ha dado lugar a que muchos terapeutas las hayan visto con recelo y no pocos con gran escepticismo, al punto de considerarlas engañosas.  Y, sin embargo, algunas de estas propuestas bautizadas con el epígrafe de terapias alternativas, hoy día están siendo aceptadas cada vez más por una parte de esa misma clase ortodoxa que una vez la desestimó, pero que actualmente las viene integrando bajo el marbete de terapias complementarias. En este abanico de ofertas, en el cual cabe esperar encontrarse con algunas que no cumplen del todo con los parámetros estandarizados para ser consideradas herramientas psicológicas genuinas, nos interesa una en particular: la Meditación. La meditación, disciplina que ha logrado, al momento, tener un amplio respaldo de investigaciones capaz de mensurar sus bondades, que parece que son muchas, al punto que se ha abierto una nueva línea de exploración conocida como: neurociencia contemplativa.            
        
     Aunque las evidencias sobre los beneficios que aporta la meditación se remontan a los años 60 –y existen estudios todavía más anteriores en India y Europa- es durante las últimas dos décadas cuando ha concitado una mayor atención por parte de la comunidad científica. Esto se debe, en parte, a que los hallazgos vienen mostrando su eficacia en el tratamiento de condiciones hoy día tan extendidas como el estrés crónico, la ansiedad y otros desórdenes de carácter emocional. La aparición de un gran número de artículos publicados en revistas especializadas y científicas donde se describen las propiedades profilácticas de la meditación en la estructura psicológica la colocan como una alternativa nada desestimable en el contexto clínico.

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     La ansiedad* actualmente es uno de los grandes males que el modo de vida vigente está creando. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2011): "una gran proporción  de padecimientos físicos tienen un componente emocional", siendo el más común precisamente la ansiedad." La población más afectada no se encuentra ya, forzosamente, en el sector socioeconómico menos privilegiado -aunque conviene señalar que en tales medios se acumula una creciente cantidad de frustraciones cotidianas que las generan- sino que las tasas de ansiedad se descubren en cualquier esfera del espectro socioeconómico y sociocultural. A pesar de ello, es en la consulta clínica donde más comúnmente se observan casos de ansiedad tanto ordinario como patológico. Por lo regular, en la atención médica primaria muchas personas van a sus médicos aquejadas de dolencias y sufrimientos sin darse ellas mismas cuenta -ni sus facultativos- de que la razón es una somatización debido a algún estado de agobio (o estrés) arraigado durante muchos años.
    
     La ansiedad, siendo el trastorno emocional más frecuente, puede ser enfrentada, disminuida o en gran medida corregida por la meditación. Lo anterior, no necesariamente valida que la psicoterapia deba ser dejada a un lado, y sin embargo, hay que tener presente que la meditación funciona ya sea que se esté bajo tratamiento o no. Esta es precisamente una de sus grandes ventajas, pues la meditación permite que el paciente, luego de entrenarse, pueda trabajarse a sí mismo fuera del consultorio. 

     Los estudios demuestran que la meditación no presenta prácticamente ningún peligro y que suele ayudar, en cambio, a la integración de emociones dispersas y desenfrenadas, al inducir a la calma y a la tranquilidad, todo ello porque repercute positivamente en todo el cuerpo, desde la anatomía, la neurofisiología, el metabolismo, el sistemas hormonal, el cardiovascular y el inmunológico.  


Investigaciones neurofisiológicas de la meditación

   La meditación produce cambios en la fisiología humana. Vale decir, alteraciones positivos en todo el sistema biológico, mismos que son mensurables y las evidencias,  tanto las recientes como las de hace varias décadas, así lo legitiman.  

   Quizá algunas de las investigaciones más conocidas fueron aquellas llevadas a cabo para finales de los años 60, por los doctores norteamericanos Herbert Benson, Presidente del Instituto para la Medicina de la Mente y el Cuerpo de la Universidad de Harvard, y el Doctor Robert Wallace, quienes efectuaron pruebas experimentales con varios sujetos, mientras estos meditaban.

   Wallace y Benson hicieron constantes mediciones de la presión sanguínea, la frecuencia cardiaca, la temperatura corporal y las ondas cerebrales.  A su vez tomaron muestras de sangre de cada sujeto en meditación con la finalidad de analizarlas y descubrir si había algún tipo de alteración en éstas. La investigación demostró que durante la meditación se suprimía la actividad del sistema nervioso simpático (mismo que prepara al cuerpo para la actividad vigorosa durante una emergencia) y disminuía la tasa metabólica. El ritmo cardíaco también se reducía al igual que la cantidad de sangre que fluía por las arterias desde el corazón.  Algo parecido sucedió con el ciclo respiratorio y con los niveles de lactato en la sangre (sustancia ésta relacionada con el estrés). Otro de los notables efectos que pudieron observar en el cuerpo de los sujetos experimentales fue el de una considerable relajación, muy similar  a la producida por el sueño normal, incluyendo además cantidades relativamente altas de ondas alfas (Benson, 1976).

   Tanto Benson como Wallace llegaron a la conclusión de que los cambios producidos por la meditación se debían a una respuesta integrada y de naturaleza refleja inducida por el sistema nervioso central, la cual le es inherente al organismo humano y a la que llamaron: Respuesta de relajación, debido a la profunda distensión que se producía durante las sesiones de meditación.  Estos doctores sugirieron que si la meditación se practicaba todos los días podía disminuir  los niveles de acetilcolina, colesterol y azúcar en la sangre y contrarrestar los efectos de las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y el cortisol, hormonas estas que se incrementan durante situaciones de estrés, provocando lo que se denomina azúcar emocional (Benson, 1976).

     Durante la década de los 70, la Meditación Trascendental (un tipo de meditación focalizada en un Mantra) fue sometida a muchos estudios** reportándose cambios espectaculares en todo el organismo. Estos iban  desde el aumento de la relajación, la reducción del estrés, una menor presión sanguínea, mejor memoria y más creatividad, entre otros. En 1981, se publicó en International Journal of Neurociencia, un artículo donde se reseñaba que, al poco tiempo de practicarse la Meditación Trascendental, esta producía una mayor coherencia en las pruebas de Electroencefalograma (EEG). Para el 2008, la American Psychological Association, presentó una investigación científica donde documentaba los beneficios de la práctica de la meditación trascendental tanto para mejorar el bienestar emocional como para el crecimiento personal. 

    A principios de los años 80, en la Universidad de Massachusetts, el Dr. Jon Kabat-Zinn, fundador y director de La Clínica de Reducción del Estrés en la Escuela de Medicina de dicha universidad enseñaba una técnica de meditación a sus pacientes a la que llamó Mindfulness -Atención Plena, derivada de la meditación Vipassana de la tradición budista- con el objetivo de que estos aprendieran a manejar y controlar mejor el estrés.  La duración del programa era de 8 semanas. A pesar de ello, su primer estudio piloto sobre la ansiedad data de 1992, realizado con 22 pacientes diagnosticados con trastorno de ansiedad generalizada o trastorno de pánico. Kabat-Zinn y sus colegas reportaron reducciones significativas en los niveles de ansiedad, depresión y evitacion fóbica, beneficios que se mantuvieron en gran parte durante el seguimiento pisterior. Años más tarde, estos resultados fueron corroborado por ensayos clínicos aleatorizados como el de Elizabeth A. Hoge en 2013.
     
  Otras exploraciones de tiempos más recientes en el campo de la neurociencia sugieren que los beneficios y aportes generados por las prácticas meditativas no se limitan, quizá como se pensaba con anterioridad, a un profundo estado de relajación, sino que la misma puede modificar estructuras cerebrales capaces de alterar el estado anímico. El Dr. Richard Davidson, neurocientífico de la Universidad de Wisconsin, monitoreando el cerebro de sujetos que meditan (entre ellos monjes budistas) descubrió una acentuación de la actividad de la corteza pre-frontal izquierda, zona esta asociada con  la evocación de emociones positivas. 

     Davidson y su equipo de colaboradores encontraron, realizando pruebas de resonancia magnética y tomografía, que durante la meditación se producía un aumento en la amplitud de las ondas alfas y que estas se propagaban a la corteza frontal. Tales patrones cerebrales sugieren una reducción en la actividad mental (Davidson, 2007). Estudios como estos fueron replicados  en la Universidad de Brown por Stephanie Jones y Christopher Moore (2013), bajo la supervisión de Catherine Kerr, llegando a hallazgos similares. 

    En el año 2018, y durante el 5to. congreso de mindfulness, la dra. Sara Lazar, neurocientífica de la facultad de medicina de Harvard, relataba que en sus investigaciones sobre los efectos de la meditación en el cerebro pudo constatar que al meditar de manera habitual se producía una reducción de la amígdala (estructura relacionada con las emociones), y como consecuencia una mayor protección frente al estrés o la ansiedad.  Sostenía la académica que tanto ella como un grupo colaboradores pudieron observar un incremento de la materia gris del cerebro de los meditadores, así como un mejor funcionamiento de su hipocampo, lo que se traduce en una mejora del aprendizaje y la memoria.     

     Hace aproximadamente algo más de una década el Dr. Judson Brewer (2011), director de la Clínica de Neurociencia, en la Universidad de Yale, después de observar a sujetos en meditacion con resonancia magnética funcional (FMRI), declaró que el cerebro de las personas que meditan se diferencia del de aquellas que no lo hacen, en que los primeros presentan menos actividad en algunas zonas cerebrales relacionadas con la distracción. Para este neurocientífico, la meditación puede ser útil para evitar un gran número de enfermedades mentales, pues al meditar las personas logran mejorar la atención y la concentración, además de lograr modular la hostilidad y los estados obsesivos.

     Elizabeth Blackburn es una figura interesante dentro de la investigación en el campo de la meditación. Después de recibir el Nobel en biología en 2009 por su trabajo sobre los telómeros (enzimas que protegen y reconstruyen los extremos de los cromosomas), comenzó, en colaboración con la psicóloga  Elissa Epel, a estudiar como la prácticas meditativas, al reducir el estrés, podían influir de manera positiva en los telómeros. Sus hallazgos tuvieron un valor especial porque representaron el punto de encuentro entre la biología molecular y la psicología contemplativa, debido a que la investigación demostró que la meditación no sólo produce bienestar psicológico, sino que también influye en mecanismos celulares relacionados con el envejecimiento y la longevidad. 
     En las investigaciones de neurociencia contemplativa reciente, de los últimos 15 años, se habla de la segunda generación de exploración sobre la meditación, con autores muy influyentes como Antoine Lutz (investigador del Centro de Recherche en Neurosciences de Lyon, Francia), Amishi Jha (profesora de psicología en la Universidad de Miami) y Willem Kuyken (profesor de la Universidad de Oxford), que han mostrado estudios con metodología más sofisticada utilizando resonancia magnética funcional, electroencefalografia avanzada, ensayos clínicos y pruebas neuropsicológica. 
   Los trabajos de estos neurocientíficos destacan por demostrar que 1) la práctica prolongada de meditación modifica los mecanismos de atención y autorregulación emocional convirtiéndose en un verdadero entrenamiento cerebral (Lutz, 2004), 2) la meditación reduce el deterioro cognitivo producido por el estrés crónico (Jha, 2010), 3) la meditación puede ser recomendada como tratamiento preventivo para personas con antecdentes de depresión, trastarnos de ansiedad y dolor crónico (Kuyken, 2022). 
   Como hemos podido conocer con el conjunto de evidencias acumuladas durante las últimas décadas, resulta difícil sostener que la meditación continúe siendo una práctica carente de fundamentos científicos o un recurso ajeno al ámbito de la psicología y la medicina. Si bien aún quedan interrogantes por resolver y aspectos que seguir investigando, la creciente cantidad de estudios desarrollados en universidades, hospitales y centros de investigación de reconocido prestigio permite afirmar que sus efectos beneficiosos sobre el organismo y la salud mental descansan cada vez más sobre bases empíricas.


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*La ansiedad junto al estrés son las perturbaciones que con más frecuencia se ven en la consulta psicoterapéutica. Aunque el estrés suele establecerse en situaciones más puntuales, lo cierto es que cuando se cronifica éste puede degenerar en un cuadro de ansiedad patológica. Por lo tanto, estrés y ansiedad guardan una relación no pocas veces de causalidad. Ambas situaciones alteran la fisiología del cuerpo y producen sustancias que afectan negativamente el metabolismo, la fisiología y el funcionamiento de varios sistemas: cardiovascular, digestivo, inmunológico, nervioso y endocrino. 

**Hoy se atestigua que la meditación trascendental ha sido enseñada a más de 750,000 personas en todo el mundo de diferentes edades, genero, profesiones, razas. Esta técnica comenzó a impartirse en los Estados Unidos desde 1958.

Referencias

-Dilbeck, Michael C. et al. (1981). Efectos longitudinales a corto plazo de la técnica de meditación trascendental sobre la potencia y la coherencia del EEG. Revista International de Neurociencia
-American Psychological Association (APA). Ensayo clínico aleatorizado y controlado de la meditación mindfulness para el tratamiento de ansiedad generalizada. The Journal of Clínica Psychiatry. Volumen 74.


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