martes, 4 de febrero de 2025

Los trastornos del Estado de Ánimo

 

    En 1990 un estudio de largo alcance conocido como “Las cargas globales de la enfermedad” y que involucró instituciones como el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud (OMS), quiso determinar las causas por las que las personas  más enfermaban. En dicha ocasión la depresión ocupaba el puesto 20, muy por debajo de una serie de patologías (cardiopatías, cáncer,  problemas respiratorios...) que lideraban el ranking como responsables del deterioro de la salud pública. Para el año 2000 una replicar similar del estudio mostró que en dicho año la depresión se había movido de lugar en la lista de las principales causas de enfermedad, ahora colocada en el décimo lugar.  Lo más alarmante es que en la última versión del estudio del año 2020 la depresión aparecía como la segunda enfermedad con mayores casos de incidencia en la población general. El pronóstico reciente estima que si las cosas no cambian, para el año 2030 la depresión se convertirá en la primera causa de trastorno y enfermedad a nivel global. Todo lo anterior nos habla de la relevancia que tiene conocer aspectos generales sobre la depresión. Eso es lo que intentaremos presentar a continuación.

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     Una manera de lograr una  perspectiva más esclarecedora del impacto de la depresión a nivel social y personal es mostrando algunos datos epidemiológicos y estadísticos sobre la misma. Eso lo haremos describiendo algunos aspectos sobre la misma: 

1         1.  La depresión es el trastorno mental que         más afecta a la población mundial.

2.     2 . Se calcula que aproximadamente un 20%  o 25% de la población mundial padece, padeció o padecerá de depresión en algún momento. De     todas maneras, se calcula que actualmente, en cifras absolutas, podemos hablar más o menos    de unos 300  millones de personas con este trastorno.

3.       3. El por qué la depresión se ha vuelta una condición tan frecuente en nuestra sociedad no        está del todo claro. Lo que sí ha quedado evidenciado es que el estrés actúa como el principal     detonante de la misma

4.         4. Los trastornos del estado del ánimo no respetan edad, clase social, nivel académico, raza,      ni género. A pesar de ello, todas las investigaciones dan cuenta de que la depresión suele             afectar más a las mujeres que a los hombres.

5.           5. El 30% de las personas con depresión no saben que están deprimidas y tienden a                      confundirla con desgano, cansancio, falta de motivación o dificultad con el sueño.  Muchos        de  estos síntomas, sin embargo, son la antesala de un cuadro depresivo leve o moderado.

6.              6. El 50% más o menos de las personas deprimidas no asisten a consulta y el 50% de los             que  están bajo tratamiento o tienen un diagnostico errado o no cumplen con el protocolo           de  tratamiento. 

7.             7.  Un 50% de las depresiones remiten sin la persona estar bajo tratamiento o psicoterapia.

8.          8. La depresión puede ser un factor de riesgo de muchas enfermedades somáticas, tales              como  insuficiencia cardiaca, cáncer, diabetes, desregulación de las tiroides, problemas              gastrointestinales. A su vez, la depresión puede empeorar algunas de estas condiciones en          caso de ya estarla padeciendo.

9.          9. Uno de los peligros potenciales de padecer un cuadro depresivo es el suicidio, ya que               aproximadamente entre un 15% y 20% de las personas deprimidas que no están bajo                   tratamiento se suicidan.

1           10. Algo más de 800,000 personas se quitan la vida anualmente debido a la depresión. El         riesgo  para el suicidio es 21 veces superior para personas depresivas en comparación                   con personas normales. El 90% de las personas que se suicidan están padeciendo algún               trastorno mental.

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   En el punto ocho citado más arriba se plantea que la depresión se tiene como un factor de riesgo para el desarrollo de otras enfermedades. Cabe señalar que el propio cerebro se ve afectado como consecuencia de la depresión, pues esta patología compromete y altera varias estructuras encefálicas, así como su funcionalidad. Pongamos algunos ejemplos:

·       La depresión produce una reducción del volumen del cerebro, condición esta que contribuye con alteraciones de carácter emocional y cognitiva.

·      *La corteza pre-frontal, área de nuestras funciones ejecutivas de alto nivel, como el procesamiento de pensamiento complejo y abstracto, la toma de decisiones, la concentración o la voluntad, se encuentran comprometidas en los cuadros depresivos. 

·       *El hipocampo, zona del cerebro que intervienen en la memoria y el aprendizaje está seriamente mermado en la depresión. Por otro lado, se debilita la capacidad de atención  con lo cual resulta menos probable un desempeño optimo en cuestiones de estudio o que requieran retención.

·       *La amígdala cerebral, estructura vinculado con las emociones,  se desconecta, dando surgimiento a sentimientos negativos, tales como: ira, enojo o la irritabilidad.

·               *El tálamo, que está relacionado con el sueño, se altera y con ello la capacidad del individuo de tener un descanso reparador y continuo durante la noche. Habitualmente esto es lo que explica el insomnio en la persona deprimida. 

                 *La depresión afecta la neurogénesis cerebral, deteniendo el nacimiento de nuevas neuronas.

·       *El BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro),  el cual es una importante proteína protectora del cerebro, se ve reducido durante la depresión, haciendo que surjan estados de ansiedad, trastornos obsesivos compulsivos, trastornos alimentarios. Esto además incrementa el riesgo de sufrir enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o la demencia.  

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    La depresión es un trastorno cuya etimología es variada,   o sea, responde a factores distintos que se conjugan para dar con el cuadro en cuestión. En ese sentido pueden intervenir variables ambientales, psicológicas, genéticas, biológicas, de estilo de vida y estrés. Veamos cada una de ellas por separado:

a)      Biológicas: esto incluye factores genéticos, ya que es más frecuente encontrar casos dedepresión si existen antecedentes familiares. Por ejemplo, en la llamada depresión bipolar    (que veremos más adelante) se habla de que los genes pueden influir hasta en un 70% en este tipo de depresión. También existen condiciones neuroquímicas, neuroendocrinas y hasta inmunológicas. Actualmente se sospecha que la inflamación crónica de bajo grado en el cerebro puede condicionar cuadros depresivos.

b)       Eventos vitales: todo lo que represente cambios, dificultades conyugales, problemas de salud importantes, perdidas de relaciones, desempleo, son factores que pueden desencadenar una depresión, sobre todo, si existe cierta vulnerabilidad genética.

c)      Experiencias infantiles adversas: esto incluye abusos, violaciones, traumas vividos durante la niñez o la infancia. La separación parental, los divorcios o la muerte de uno de los progenitores también se tienen como elementos precipitadas de la depresión.

d)       Problemas de salud y enfermedad: las condiciones patológicas de salud física como cáncer, desequilibrios metabólicos (como el hipotiroidismo), anemia por falta de hierro, deficiencia de vitamina b12, trastorno de ansiedad crónico.

e)             Hábitos no saludables: el consumo y abuso de sustancias y alcohol

f)          Rasgos de la personalidad: el neuroticismo, la rumiación, la emocionalidad negativa, la labilidad emocional, socaban la salud psicológica y pueden conducir a estados depresivos.

g)         Consumo de medicamentos: existen algunos fármacos que contribuyen a desencadenar condiciones muy parecidas a la depresión. Entre ellos tenemos: antihipertensivos, antiácidos, medicamentos para bajar el colesterol, entre otros.

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    Lo que hoy se conoce como depresión era una condición que ya desde el pasado remoto había sido descrita por distintos pueblos y civilizaciones. Por ejemplo, Hipócrates, en Grecia, se había referido a ella como “melancolía”, término que, no obstante, siguió en uso hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando adquiere su nueva denominación.   

     Actualmente el concepto depresión forma parte de una categoría conocida como trastornos del estado del ánimo. Los trastornos del estado del ánimo se definen básicamente como "perturbaciones afectivas persistentes capaces de provocar desajustes en diferentes esferas de la vida personal, laboral, académica y social".

  

     Los trastornos del estado del ánimo pueden ser diversos y suelen  habitualmente involucrar dos tipos de estados extremos y opuestos, uno conocido como manía, que se caracteriza por sentimientos muy intensos de excitación o euforia, y el otro, más conocido, que es la depresión, que generalmente supone un cuadro de extraordinaria tristeza y abatimiento, con un estado de ánimo pesimista y negativo.  Hecha esta aclaración puede ya inferirse que en realidad no existe un único tipo de lo que genéricamente llamamos depresión. La Organización Mundial de la Salud (OMS) al momento se ha podido clasificar hasta 14 subtipos de depresiones.

     Tenemos, entonces, las dos grandes divisiones de categorías: 1) la depresión unipolar y 2) la depresión bipolar. La primera –unipolar- es aquella en el que solo se presenta el cuadro de abatimiento o tristeza profunda.  Se estima que esta afecta a un 20% de la población. Es mucho más frecuente en mujeres que en hombres, en un ratio de 3/1.  Se caracteriza por los siguiente síntomas: tristeza o desgano, falta de energía, cansancio, problemas de memoria y concentración, sentimientos de culpa, sensación de pérdida, anhedonia (imposibilidad de sentir placer), insomnio, falta de apetito, pensamientos de autoeliminación o ideas suicidas.  

    En la depresión unipolar se presentan varias modalidades que se distinguen por su cronicidad, intensidad y nivel de discapacidad que producen. En ese sentido se puede mencionar el trastorno adaptativo depresivo que puede presentarse tras eventos estresantes. Tiene un tiempo de duración relativamente corto de algunas semanas; en ocasiones se mantiene por varios meses, pero en general tiende a mermar al desaparecer la circunstancia estresante que la provocó. Otra modalidad de depresión es la distimia, caracterizada por una duración mayor de dos años o más. El sujeto se encuentra disminuido en su humor, pero aun así puede ser funcional en su trabajo y en su vida general. Se encuentra abatido, a pesar de que logra ser productivo. Una última modalidad que podemos mencionar es el trastorno depresivo mayor. Generalmente es la clásica depresión incapacitante que se presenta con una tristeza exacerbada, dificultad en casi todas las esferas de la vida de la persona, requiriendo medicación antidepresiva para  combatirla.

   La segunda categoría, la depresión bipolar -llamada en el pasado psicosis maniaco-depresiva- presenta tanto un polo depresivo que tiende a alternarse con otro  de manía o hipomanía.  Afecta a un 3% de la población en proporción igual tanto a mujeres como a hombres. Se caracteriza, en su fase maniaca, que puede durar varios días o varias semanas, por un estado de ánimo elevado, expansivo y eufórico, con mucha energía. Sentimientos de grandiosidad, autoestima muy elevada, poca necesidad de dormir, exceso en el habla, agitación psicomotora, impulsividad, compras  compulsivas, incremento del apetito sexual y en ocasiones delirios y alucinaciones (y puede llegar a confundirse con esquizofrenia).

   La depresión bipolar constituye un conjunto de trastornos que comparten características similares, pero que debido a la diferencia en cuanto a su gravedad y manifestación requieren que se los clasifique tomando en consideración sus particularidades. Desde hace muchas décadas se conocían los cuadros de trastorno bipolar tipo I y trastorno bipolar tipo II. Básicamente la diferencia entre ellos radica en que el primero se presenta alternado un cuadro depresivo mayor y otro con episodio maniaco. El segundo -el tipo II-, mantiene el cuadro depresivo mayor, pero al pasar al polo opuesto lo hace en episodios de hipomanía (aquí la manía es más moderada). La investigación actual, sin embargo, habla de una condición que aglutina varias modalidades de depresión bipolar bajo el epígrafe de “Espectro Bipolar”. Esto es, diversas manifestaciones del trastorno que no llegan a manifestarse plenamente como un trastorno bipolar clásico, pero en los que se advierten algunos rasgos, ya sea de la fase depresiva o de hipomanía. Así entonces se habla de: ciclotímicos, hipertimicos, etc.

     De acuerdo con algunos investigadores la norma en el trastorno bipolar es que debute con la depresión, 50% de los casos en bipolar tipo I y 80% de los casos en bipolar tipo II.  De todas maneras, parece que esto puede deberse a que las personas en la fase maniaca rara vez acuden al médico, sobre todo en la bipolaridad tipo II.

   Una manera muy aceptada hoy día para distinguir y diferenciar una depresión unipolar de una bipolar es comparar algunos  parámetros particulares de cada una. Veamos algunos de ellos:

1.          a) La depresión bipolar alterna la manía con la depresión. En la depresión unipolar el sujeto solo experimenta la fase depresiva.

2.        b) Las depresiones bipolar suelen ser más recurrentes que las unipolar.

3.        c) La depresión bipolar tiene un inicio más abrupto. En cambio, la depresión unipolar se va instalando paulatinamente y pueden pasar varios años antes de que aparezcan.

4.      d) La depresión bipolar suele durar menos que la unipolar. Entre otras razones debido a la condición de cambio que se produce hacia el polo de manía o hipomanía.

5.       e) El paciente bipolar tiende a tener complicaciones con drogas y alcohol. En el unipolar esto acontece en muy raras ocasiones.

6.    f) En los pacientes bipolares la ideación suicida es más común y persistente que en los unipolares.

7.       g)  Mientras que en las depresión unipolar disminuye el apetito, en los pacientes bipolares este aumenta considerablemente.

8.       h) El paciente bipolar sufre más habitualmente de hipersomnia (necesidad de dormir mucho), mientras que el paciente unipolar padece de mayoritariamente de insomnio.

9.       i) La depresión bipolar se instala habitualmente desde muy temprano: niñez, adolescencia o antes de los 30 años. La depresión unipolar se va larvando con el paso de los años.

       j)  La depresión postparto debe hacernos sospechar de un cuadro de bipolaridad. Es mucho menos probable que un parto desencadene una depresión unipolar.

11.    k) Las personas con trastorno bipolar suelen enojarse bastante y de manera violenta. Esto último no se da con la misma frecuencia en pacientes con depresión unipolar.

 

Tratamiento de los trastornos del estado del ánimo

     A mediados del siglo pasado aparecen los primeros medicamentos orientados a la mejora de los cuadros depresivos, que comenzaron a usarse de manera masivas en los centros de internamiento mentales teniendo un impacto significativo y un éxito sin precedente en la historia de la psiquiatría. No pasó demasiado tiempo, empero, para que igual comenzaran a conocerse los efectos adversos que muchos o casi la totalidad de ellos ocasionaban en los pacientes. A pesar de ello, fuera de ser retirados del mercado se pasó al intento de perfeccionar su composición química buscando que tuvieran menores efectos secundarios. Al momento, o sea, en la actualidad, los antidepresivos se tienen como una medicación segura. Su efectividad en cambio es cuestionada, y con razón, ya que se sabe que no todos se benefician con su uso.

 La prescripción de antidepresivo habitualmente se sustenta en la teoría de que la depresión la produce una disminución de neurotransmisores tipo serotonina o dopamina. Si bien, existe cierta evidencia de que esto puede ser verdad en parte, lo que se conoce hoy es que todo parece indicar que el asunto es mucho más complejo. Esto ha permitido el surgimiento de otros enfoques causales sobre la depresión y sobre esta nueva línea de razonamiento se intentan crear procedimientos que puedan paliar con más éxito y con menos efectos negativos los distintos tipos de depresiones.

     La psicoterapia es el recurso complementario de la medicación, a pesar de que esta puede resultar conveniente en ausencia de los fármacos, específicamente en cuadros de depresión leve y moderada. Como la psicoterapia también se vale de la psicoeducación, la misma aporta valiosas informaciones tanto para el paciente como para los familiares próximos sobre lo que esperar en cuadros depresivos particulares y como reconocer la aparición de los síntomas premórbidos del trastorno. En la actualidad se sugiere la psicoterapia cognitiva/conductual como uno de los abordajes psicoterapéuticos más validados científicamente, capaz de mejorar de forma significativa algunos cuadros de depresión al margen del uso de drogas farmacéuticas.

   Existen protocolos de estilo de vida que igual pueden contribuir de forma extraordinaria, tanto para prevenir o tratar un cuadro depresivo ya instalado, con proyección de mejoras muy altas si se observan ciertos rituales, conductas y acciones. Por ejemplo, la deficiencia de vitamina D se ha asociado a los estados de ánimo irregulares. Por lo tanto, la suplementación con vitamina D3 en rango de 5,000 a 10,000 unidades diarias podría en muchos casos ser conveniente. Paralelo a esto, exponerse al sol de las primeras horas de la mañana durante 15, 20 o 30 minutos, dependiendo la época del año, puede igual resultar sumamente beneficioso. El contacto del sol en la piel permite la conversión del colesterol en vitamina D, lo cual ya hemos dicho resulta de ayuda.  Pero es que además  la luz  solar al penetrar por la retina del ojo activa la producción de neurotransmisores como la serotonina que favorece el estado de ánimo. Por último, el sol también incrementa la producción de testosterona, hormona androgena que sirve para modular nuestro humor.


    El ejercicio es otra de las sugerencias, no farmacológicas, ideales para combatir la depresión. Existe suficiente evidencia de que al hacer ejercicio todo el cuerpo se inunda con sustancias que alteran de forma positiva la química de nuestro cerebro. Ejercitarnos hace que se segreguen endorfinas, hormonas del crecimiento, adrenalina, testosterona, dopamina, entre otras sustancias que conseguirán desafiar a la tristeza y el desgano propio de la depresión. El ejercicio por otro lado, mejorará la calidad del sueño, con lo cual nuestro ciclo circadiano, que se ve afectado por la depresión, funcionará de manera más correcta. El buen descanso nocturno es uno de los pilares principales para tener una salud mental óptima. Una sustancia llamada BDNF, suele segregarse en el cerebro durante el ejercicio; ella interviene mejorando la comunicación sináptica (intercambio entre neuronas), favoreciendo la neurogénisis y la neuroplasticidad, ayudando a una mejora en la concentración, la memoria y el aprendizaje. 

    Actualmente ha salido mucha literatura científica que da cuenta de cómo la nutrición puede impactar de diversas maneras en nuestra salud mental. Por ejemplo, los alimentos ultraprocesados parecen actuar como generadores de neuroinflamacion en el cerebro predisponiendo a las personas a estados psicológicos y emocionales menos saludables. La carencia de nutrientes esenciales como los ácidos grasos omega 3 se correlacionan con una condición cognitiva más limitada o por lo menos que no está funcionando en su mejor capacidad. Las deficiencias de vitaminas del complejo B, sobre todo la B12, la anemia por falta de hierro, así como el déficit de algunos aminoácidos esenciales tipo triptófano, tirosina, GABA, por ejemplo, está correlacionado con más casos de alteración del humor e inestabilidad del sistema nervioso central. Las dietas ricas en fibras, vitaminas, minerales, grasas y suficiente proteína animal y vegetal, se tienen como factor de protección para la salud mental.

   Como puede verse, enfrentar los trastornos del estado de ánimo es posible, atendiendo a varias estrategias, desde la farmacológica, psicoterapéutica, como la mejora en el estilo de vida (nutrición, descanso, ejercicio, etc.).  Si bien, siempre existirán casos difíciles de tratar y de corregir, una inmensa mayoría de estos pueden obtener resultados favores al aplicar estrategias sencillas y practicas que están al alcance de muchos.

 

 

sábado, 6 de marzo de 2021

La conducta adaptativa: un cuestionamiento a la norma como sinónimo de normalidad

   

     En el siglo XVIII prevalencia en Europa la idea de que los nativos de las islas y regiones descubiertas y conquistadas centenios atrás, lo que luego se llamaría América, eran seres atrasados, salvajes de costumbres extrañas que requerían ser civilizados de acuerdo a los parámetros del hombre occidental, porque estos al compararse con aquellos tenían mucho más que aportar. Jacques Rousseau fue, sin duda, uno de los pocos pensadores de entonces que reaccionó frente a tales prejuicios, enfrentándose a figuras de la talla de George Louis Leclerc (conde de Buffon), que capitalizaba el sentimiento supremacista de la ilustración, cuestionando el dogma elitista de que la civilización europeísta, hegemónica en aquellos años, fuese superior a cualquier otra allende los mares. Para el siglo XIX, empero, y desde la visión darwinista del evolucionismo, antropólogos como Edward Tylor y Lewis Henry Morgan continuaron concibiendo la idea de superioridad, pero ahora sustentada en el paradigma biologicista de la herencia genética que concebía que algunas razas eran superiores a otras. No fue sino hasta el primer cuarto del siglo XX que la antropología comenzó a desprenderse de esa rancia segregación con investigadores como Franz Boaz, Ruth Benedict, Claude Lewis-strauss, entre otros, que comienzan a reflexionar de modo distinto.

   Lo cierto es que, si bien el nivel de desarrollo tecnológico de los pueblos colonizados era mucho más rudimentario que el de los europeos, sus costumbres, tan cuestionadas por los observadores foráneos, no tenían nada extemporáneas, ya que estas respondían a la naturaleza de su entorno, a su modo de subsistencia y a la concepción que tenían del universo; esto es, que su interpretación del mundo partía esencialmente de los datos de que disponían. En los asuntos rutinarios eran bastante parecidos a la del europeo promedio, en temas como consolidar una familia, criar hijos, proveer de sustento al grupo, defender su territorio, realizar ritos de iniciación, adoración a sus deidades o la realización de liturgia fúnebres a los desencarnados. 

     Siempre que se tiene la experiencia de interactuar con grupos distintos surge la disyuntiva de si sus maneras son mejores o inferiores a las nuestras. Sacamos muchas veces conclusiones sin conocer la realidad auténtica de las cosas, sin advertir que lo que frecuentemente se considera verdad es en gran medida la manipulación de lo que los grupos que detentan el poder imponen. Esto ha sido así en todas las épocas. Esta forma de sesgo brota en muchos campos, incluso donde cabria no esperarlo, por el tipo de conocimiento que manejan, como el de la salud mental. La psicología, nacida como ciencia en Alemania en el último cuarto del siglo XIX, es al momento predominantemente una psicología de raigambre anglosajona, de índole peculiarmente angloamericana, que tuvo como modelo de estudio principal y casi exclusivo al ciudadano blanco de clase media. Las consecuencias que se desprendieron de este hecho fueron varias. Por un lado, esto hizo que se adoptará un criterio de normalidad muy sesgado y, por otro, se cayera en una definicion del concepto de adaptación muy reduccionista, suscrito a las características de ese sector de la población estadounidense, sin tomar en consideración las particularidades de otras clases, grupos o culturas no solamente distintas, sino a veces con parámetros, creencias, costumbres y proyecciones totalmente opuestas. 

    Dos hechos interesantes a destacar revelan por sí mismo lo que acabamos de hacer referencia. Uno de ellos ocurrió a mediados de la década de los años 20 (del pasado siglo), cuando cantidad de inmigrantes europeos llegaban a la costa de New York. Gran número de estos fueron deportados, pues tras no aprobar unos tests de inteligencia a los que fueron sometidos, basados en los estándares norteamericanos de entonces, se les consideró no aptos para estar en el territorio americano. La justificación era la de evitar el supuesto descenso en la inteligencia de la población media de Estados Unidos. El otro hecho, tan irritante como indignante, sucedió en 1974 y tuvo como protagonista nada más que aun premio Nobel, el Dr. Williams Shockely, quien argumentaba, ante las evidencias que supuestamente poseía, que los descendientes de afroamericanos eran individuos intelectualmente inferiores y que nada podía hacerse para revertir dicha condición. Su "genial" solución en aquellos años fue proponer la esterilización de las personas de color, para con ello, como él mismo señaló, impedir el incremento de seres intelectualmente deficientes.

     La suposición de que se puede estudiar a gente de cualquier lugar basándose exclusivamente en códigos establecidos por un grupo x forma parte de la arraigada presunción de muchos de pretender categorizar a los seres humanos. La historia demuestra que tales criterios son "frecuentemente promovidos por sectores ávidos de establecer distinciones, teniendo muy en cuenta colocarse ellos mismos en la posición más alta de las jerarquías que sugieren" (Josef Schovanes, filósofo). Esto es propio de los modelos hegemónicos que intentan validarse ignorando cualquier intuición u observación distinta a la suya.

    A propósito de lo explicado en el párrafo precedente unos de los conceptos que tradicionalmente más han manipulado los grupos de poder es el de adaptabilidad, o dicho de otro modo, lo que se acomoda a la norma. Por ejemplo, un sistema fáctico de gobierno vería muy bien etiquetar como inadaptado a todo ciudadano que muestre una conducta insubordinada, resistente a someterse a los caprichos de un Estado opresor.

     Abraham Maslow que estuvo errado en cuanto a la pirámide de las necesidades humanas, puesto que creía que la autorrealización personal solo llegaba a tener prioridad despues de haberse satisfecho las demandas básicas de subsistencia, estuvo, no obstante, en lo cierto al exponer que el modelo de sujeto adaptado a la sociedad, como sinónimo de salud mental, podía ser engañoso ya que nuestra sociedad tiene cantidad de cosas (ideologías, costumbres, comportamientos, creencias) a la que adaptarse podría más bien ser considerado un signo de perturbación psicológica. En su brillante libro, El Hombre Autorrealizado, Maslow advierte sobre el artificio de este modo de razonar cuestionando si el concepto de adaptación empleado habitualmente en psicología es efectivamente oportuno. Haciendo uso de un ejemplo enfático Maslow razonaba lo siguiente: podría considerarse psicológicamente sano a un soldado nazi que se hubiese sentido cómodo en su trabajo como oficial en los campos de exterminio por el hecho de haberse adaptado bastante bien a su labor de genocida? Inquiría igualmente que, si a otro militar en idéntico escenario le hubiese resultado imposible adaptarse  a prácticas tan deleznable ?podía este último ser tenido por un sujeto emocionalmente perturbado? En otras palabras ¿Cuál de los dos hombres, se preguntaba Maslow, estaría dando muestra de insania mental, el que se mantiene incólume y a gusto frente a semejante barbarie o el que se resiste a ajustarse a las atrocidades que ve?  


      Pero Maslow, ni de lejos, ha sido el único en poner en entre dicho el criterio ordinariamente admitido de adaptabilidad como sinónimo de normalidad. Michael Foucault, quien además de filosofo fue psicólogo, explicaba que la sociedad tiende a excluir a todos aquellos sujetos que viven y piensan distintos a lo que se acepta por norma, creando una serie de prejuicio en contra de estos. Erick Fromm, por otro lado, llega incluso a publicar el libro Psicopatología de la normalidad en el que profundiza el concepto de alienación. Fromm explica que la sociedad en su conjunto adolece de un adecuado equilibrio mental. Esto lo atribuye, en parte, a que el sujeto promedio  al perder los valores esenciales, queda moldeado por los valores del mercado económico,, el cual determina lo que resulta conveniente o no. 

     Desde luego, la sociedad requiere, para funcionar más o  menos adecuadamente, reglas, pautas, en fin, normas que permitan regular la convivencia en un conglomerado; establecer patrones de comportamientos imperativos en ocasiones y con ello procurar el orden, y por eso el criterio de adaptación logra una validez muy sugestiva en la colectividad.  Pero, como hemos señalado en los párrafos iniciales, debido a que  grupos dentro de la sociedad tienden a erigirse, a través del poder, en amos y señores e imponer sus valores, igual deben existir voces disidentes que no se acoplen a la domesticación de conciencia que tratan de imponer. 

   Con harta frecuencia el concepto de adaptación hoy llega a parecerse al de conformidad, equiparable este a una postiza tolerancia al establishment. Suponemos que en ciertos casos y ocasiones la conformidad al sistema puede ser legítima; asumir filosóficamente algunos hechos, fruto de una deliberada reflexión, ofrece sus ventajas. Deponer la indignación ante el funcionario corrupto que se roba nuestros impuestos puede ser más adaptativo y beneficio, a largo plazo, que descantarnos por colocarle varios proyectiles en su corrompido cerebro; a fin de cuenta podemos llegar a adoptar una actitud racional -y sobrevivir a la indignación- al comprender que casi todos los políticos están podridos y que nuestra, “digna” y extremada, acción quizá no tenga el efecto deseado y sí el cuestionamiento imperdonable de la prensa y determinados sectores favorecidos por el político de marras.   

     La conformidad, siendo en cantidad de ocasiones un sucedáneo de la adaptación, es un terreno infecundo del cual el mundo se ha beneficiado muy poco. Quienes no se han adaptado ciegamente a mucho de lo normalizado por la sociedad son, ordinariamente, hombres que han emprendido el camino hacia el progreso. Por eso, suponemos que detrás de cantidad de sujetos "adaptados" lo que encontramos son individuos conformista, acomodados a un patrón conductual estereotipado, ineptos para asumir un tipo de comportamiento distinto si fuese su deseo, solícitos a la subordinación de los esquemas socialmente aceptados; sujetos que repiten las mismas ideas de siempre, temerosos de no coincidir con las teorías de su tiempo o de pensar distintos a como lo hace su gremio. Si todos los ciudadanos hubiesen sido así de adaptados todavía habitaríamos en las cavernas, pues tanto en los campos de la ciencia, el arte o la técnica son aquellos que osaron pensar distinto -y por ello mismo diferente- los que generaron el ascenso de la humanidad al nivel en que se encuentra hoy, en ocasiones a pesar de no contar con el favor ni la aprobación de sus congéneres.  


 Revisando la historia de todos los tiempos parecería que en algunos casos el sujeto considerado inadaptado, según las consideraciones del momento, en ocasiones, marque la dirección hacia donde hay que moverse. Un caso relevante, de los muchos que que se pueden citar, fue el de Ignae Philipp Semmelweis, un cirujano húngaro del siglo XIX, considerado hoy como el Padre de la asepsia*. Semmelweis caracterizado por actitudes poco convencionales en su época, pero con una aguda capacidad de observación, intuyó que las muertes que se producían en las parturientas del Hospital Maternal de Viena, por fiebre puerperal, se debían a sustancias que transportaban los médicos en sus manos después de estar diseccionando cadáveres en el laboratorio (todavía no se había descubierto el microscopio). Al sugerir el lavado de manos, a los médicos residentes, con solución de hipoclorito cálcico, se vieron disminuidas las defunciones notablemente. A pesar de ello sus colegas -hombre de mucha menos visión y apertura- entre los que se encontraban figuras renombradas de la medicina de entonces, se negaron a incorporar sus recomendaciones tachándolas de descabelladas. Las consecuencias que se derivaron de tan obtuso proceder fueron, por un lado, la expulsión de Semmelwes del hospital, debido a la presión de los galenos (un ejemplo patente de la exclusión de aquel que piensa distinto a la generalidad), y la otra, de consecuencias todavía más grave, el incremento de las muertes de las mujeres que alumbraban en el hospital, cifras estas que habían logrado reducirse a partir del protocolo del lavado de manos sugerido por Semmelwes.

     A partir de lo descrito no debería nadie extrañarse, entonces, cuando desde el parecer social o desde el criterio de ciertos profesionales de la conducta se suscriba como inadaptada toda actuación, inclinación o comportamiento poco habitual, pero que en sí mismo no tiene nada de anormal, por más que no cumpla con los criterios de normalidad (tomando este concepto como lo que define a la norma, o sea, lo que abunda) 

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     Cada tiempo trae su tipo de hombre, empero, algunos nunca se someterán a los imperativos dominantes durante el momento en que les toca vivir. Si el concepto de adaptación no es revisado seguiremos teniendo sujetos que parecen no lo serían nunca. En este mundo hay seres, cantidad de ellos, que habitualmente solo caminan en la horizontalidad de la vida; otros en cambio jamás se satisfarán sino transitan por la verticalidad de la existencia; habitualmente estos siempre serán la minoría.


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*Método o procedimiento para evitar que los gérmenes infecten una cosa o un lugar.



viernes, 28 de agosto de 2020

Importancia del estilo de vida: una aproximación a los beneficios del ejercicio para la salud física y mental.

     La expectativa de vida en la actualidad supera, por varios año, la de siglos pasados. Pero, además, de una mayor longevidad igual se ha visto mejorada la calidad de vida de las personas, esto es, en el orden material: comodidades, accesibilidad a sistemas de salud, mejores medios de transporte, mayor oportunidad educativa, mejores ingresos salarial, acceso a lugares de esparcimiento, avances tecnológicos, etc.

Por otro lado, no obstante, existen evidencias que confirman un  creciente nivel de insatisfacción en un sector amplio de la población en los últimos 60 años o de estudios que hablan de que se han triplicado las tasas de depresión y ansiedad desde la década del 1950 -sobre todo en países occidentales del llamado primer mundo. Ello no deja de ser inevitable en un mundo donde los cambios, a diferencia de centurias anteriores, se suceden tan vertiginosamente y, donde a veces, resulta dificultoso adaptarse a las exigencias de una vida moderna frenética. Sumado a todo lo anterior está el crecimiento exponencial que la población mundial ha experimentado, el cual no tiene precedente en la  historia de la humanidad, lo que ue obliga, sobre todo en centros urbanos y ciudades, a una convivencia aglomerada con enorme cantidad de gente en espacios cada vez más reducidos.

Atrás han quedado los años donde la insalubridad, las masivas infecciones bacterianas y víricas o la desnutrición acababan con miles de vidas humanas.  De lo que hoy tiene que cuidarse el ciudadano común -tanto el encumbrado como el de bajo abolengo- no es tanto de las afecciones agudas, aquellas de aparición repentina, para cuyo tratamiento la medicina convencional demuestra cada día ser sumamente efectiva, sino de los padecimientos crónicos, los que se van larvando gradualmente con el paso de los años y cuyo origen principal se encuentra en el estilo de vida de las personas.

Hace ya más de 50 años el Informe Lalonde del Ministerio de Salud y Bienestar de Canadá destacó que las variables que más inciden en la salud o la enfermedad son el estilo de vida y el medio ambiente (por encima de la herencia genética y de la atención sanitaria). Desde entonces cada vez se sabe más, al comprender los mecanismos biológicos, como el cuerpo se ve tan grandemente afectado por los estados psicológicos y nuestra conducta, pues numerosos aspectos de la manera en que vivimos y nos comportamos favorecen o no el desarrollo de algunos problemas físicos. Por ejemplo, desde hace décadas se conoce que la mala alimentación puede, literalmente, matarnos, que el consumo abusivo de alcohol produce cantidad de trastornos orgánicos, daño hepático, disfunción sexual, trastornos cardíacos, desarrollo de cáncer, etc., que la falta de horas de sueño igual, aumenta el estrés, dificultad el aprendizaje, incrementa la presión arterial y disminuye la testosterona. Existe cada vez más evidencia de que el sedentarismo se convierte en un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades similar a como lo sería la obesidad, el colesterol elevado o el tabaquismo*. La inactividad, considerada hoy como un handicap de la salud, está directamente relacionada con la enfermedad cardiaca coronaria y se estima como el mayor riesgo de muerte prematura.  


   

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 El ser humano está diseñado para el movimiento, por eso la actividad física le es indispensable para mantenerse en estado saludable. Nuestros antepasados caminaban enormes distancias en busca de comida, cuando no, tenían que lanzarse a la carrera al ser perseguidos por un predador. La condición de la vida era tan básica hace miles de años que todo implicaba esfuerzo muscular y acción física para asegurar la subsistencia. Pero incluso hace unas centenas de años atrás el sujeto de entonces para cumplir con sus rutinas habituales debía andar grandes distancias, lo que le suponía una constante movilidad de su esqueleto y musculatura.  El contexto de la vida moderna puede, en cambio, facilitar que una persona no recorra a pie ni siquiera 300 mts al día o que el movimiento de su cuerpo se limite a la inclinación para subir al auto o  sentarse en una butaca. Si bien, en el otro extremo, se observa que la acción permanente puede llegar a ser potencialmente nociva para la salud, no lo es tanto por el movimiento, como por la carga de estrés  que la acompañada.    

     En todo programa encaminado a mejor el estilo de vida se incluye, entre otras recomendaciones, el ejercicio como algo indispensable. Si bien los patrones de dieta, descanso, relajación, horas de sueños, esparcimiento y apoyo social son esenciales, el ejercicio y la actividad física adquieren una importancia capital, al punto de que los expertos en el ámbito de la salud declaran al ejercicio como un importante factor de protección de la salud, capaz de aumentar nuestra expectativa de vida, ya que diferentes investigaciones dan cuenta de que caminar durante 25 minutos diariamente, por ejemplo, puede alargar nuestra expectativa de vida en tres años y medio al retardar todos los marcadores biológicos relacionados con el envejecimiento.  El ejercicio permite que los adultos mayores mantengan la flexibilidad y la elasticidad de las articulaciones, al mismo tiempo que les ayuda a prevenir la sarcopenia, que es la pérdida de tejido muscular.

    Ya que el ejercicio ofrece tantas ventajas para la salud, vamos entonces a enumerar una lista algo más extensa y detallada de los beneficios que aporta y el bienestar que genera en quienes lo llevan a cabo.

    Desde hace décadas los estudios dan cuenta de que ejercitarse previene y disminuye el desarrollo de trastornos cardiovasculares y cerebrovasculares, debido a que contribuye a la reducción de varios factores de riesgo. Por ejemplo, la actividad física ayuda a normalizar el nivel de colesterol y triglicéridos en sangre; reduce tanto la frecuencia cardiaca como la presión sanguínea; combate eficazmente la arteriosclerosis, la lipidemia y la formación de placas de ateroma en las arterias. También reduce la grasa corporal, el sobrepeso y la obesidad. Si a todo ello se le agrega un régimen nutricional correcto los beneficios y resultados son todavía mucho mejor.


El entrenamiento físico ayuda a fortalecer la estructura ósea con lo cual previene eficazmente la osteoporosis. Sirve igualmente para incrementar la masa muscular, favoreciendo la movilidad y la postura corporal; por otro lado, aumenta la fuerza muscular, con el adicional beneficio para el envejeciente de mantener la autonomía de sus movimientos. 

La investigación también apunta a que la rutina física mejora la calidad y la cantidad de sueño, siendo muy importante en sujetos con trastornos de la actividad onírica como el insomnio. El ejercicio mejora la apariencia física, la estructura corporal y con ello el autoconcepto y la autoestima.

Pero todo no se queda en lo físico y orgánico. El ejercicio, según muchas evidencias, puede incrementar la inteligencia entre un 10% a un 15%, ya que mejora el razonamiento lógico, la comprensión verbal y el coeficiente intelectual. Gran parte esto se debe a la producción de los factores de crecimiento que se liberan durante la actividad física, lo que provoca neurogénesis -nacimiento e incremento de nuevas neuronas- en varias partes del cerebro como el hipocampo, una estructura que forma parte del sistema límbico y que está relacionada con el aprendizaje y la memoria. Otro de los  beneficios del ejercicio a nivel cerebral es el aumento del número de sinapsis en el lóbulo prefrontal -zona del cerebro asociada a las funciones ejecutivas de alto nivel como la toma de decisiones, el manejo y enfoque de la atención, entre otras.

Los estudios sugieren que el ejercicio puede demorar la aparición del Alzheimer y en otros casos prevenirlo, debido a que aumenta la conectividad entre las neuronas, estimula el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos e incrementa la cantidad de sustancia gris y blanca en el cerebro.

En la esfera emocional igual se hace evidente el efecto del ejercicio, pues es el tratamiento de primera línea para casos de ansiedad, ya que reduce el cortisol, una hormona sintetizada en la corteza de las glándulas suprarrenales que está directamente relacionada con el estrés crónico. Existe al mismo tiempo evidencia clínica de que el ejercicio resulta muy eficaz en el tratamiento de sujetos con trastornos de ansiedad. Por otro lado, el ejercicio mejora el estado de ánimo, el humor y la capacidad para disfrutar; contribuye, además,  al equilibrio emocional. Los estudios muestran que asimismo mejora tanto la producción como la eficacia de varios neurotransmisores como la serotonina (relacionado al estado de paz y tranquilidad), la dopamina (relacionada con el placer y la sensación de bienestar), la noradrenalina (relacionada con la energía y la atención) y la acetilcolina (conexa con la memoria y el aprendizaje). Algunos ensayos suscriben que 30 minutos de ejercicio de mediana a alta intensidad puede tener el mismo efecto farmacológico que el Prozac, un antidepresivo de nueva generación utilizado en el tratamiento de la depresión.

Por todo lo antes expuesto no es solo que el ejercicio sea bueno para mantener la salud, sino algo más contundente: el no realizar ejercicio se convierte en un factor de riesgo para enfermar. Los tres tipos de ejercicio más importantes se pueden agrupar en las siguientes categorías: aeróbicos, anaeróbico y de estiramiento. Un programa de entrenamiento puede contener un solo tipo, dos o todos ellos, todo depende del objetivo, el tiempo disponible y la necesidad. De todas formas, si se logra realizar todas las modalidades de ejercicio en una semana sería lo más provechoso y en ese sentido los beneficios se apreciarán a corto y mediano plazo.


   Como recomendación final sugerimos un programa de entrenamiento que incluya ejercicio aeróbico durante tres días a la semana, a una intensidad moderada, durante un tiempo  de 30 a 45 minutos por sesión; ejercitación anaeróbica 3 días a la semana, en rango de intensidad modera, durante 40 minutos aproximadamente y, finalmente, práctica de estiramiento, misma que puede realizarse diariamente durante de 15 a 20 minutos según la disponibilidad de tiempo. El yoga, que es excelente, se tiene como una gimnasia de estiramiento que además de relajar, tonifica y fortalece el sistema nervioso, estimula las glándulas endocrinas y ofrece un masaje vigoroso a  distintos órganos internos.

 

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*La obesidad es un gran problema de salud sanitaria. En Estados Unidos el 61% de la población padece obesidad o sobre peso. También, en los Estados Unidos mueren anualmente uno 450,000 personas por el consumo de tabaco.