Los trastornos por estrés son, al momento, una de las principales causas de malestar, mismos que pueden llegar a ocasionar serias perturbaciones de la salud tanto física como emocionales y psicológicas (OMS, 2011).
Suele definirse el estrés como la tensión o la presión psicológica provocada por situaciones agobiantes. Durante el estrés el cuerpo reacciona fisiológicamente de manera desequilibrada. Para muchos expertos esto es el resultado de una respuesta automática de nuestro organismo en circunstancias demandantes o cuando nos sentimos amenazados; por lo tanto, puede decirse que el estrés es una respuesta natural y adaptativa que ha acompañado al hombre siempre. Los estudios tradicionales sobre el estrés subrayan que este puede presentarse de forma aguda o crónica. En el primer caso lo que sucede es que aparece de manera súbita, repentina, aunque por lo regular suele ser de corta duración. Si bien, el cuerpo moviliza recursos de adaptación importantes, en el estrés agudo, la condición interna mantiene todavía su homeostasis y el organismo vuelve a la normalidad prontamente. En el caso del estrés crónico la cosa es distinta; ya lo de crónico habla de un estado que se ha venido instalando paulatinamente –quizás en el trascurso de varios años- con lo cual puede verse mermada parte de las defensas del organismo o debilitado, considerablemente, alguna función, órgano o sistema. Es con el estrés crónico donde existe la mayor probabilidad de que aparezca una enfermedad física o un trastorno mental (Eso lo tocaremos más adelante). Ahora bien, en uno y otro caso los expertos señalan que determinadas condiciones deben estar presentes para que surja el estrés. No se necesita que estén todas, basta con una sola, pero en la medida en que se suman otras el estrés suele ser más pernicioso. Estas son:
1) Situaciones novedosas
2) Eventos impredecibles
3) Amenaza de la integridad física
4) Sensación falta de control
Otra clasificación que suele hacerse del estrés es la que habla de estrés relativo y de estrés absoluto. En el primer caso dos personas reaccionan de modo distinto o con niveles de estrés muy diferentes frente a un mismo evento, pues cada cual le agrega su propia valoración personal al mismo. Por ejemplo, algunas personas entran en estados de angustia profundo ante la muerte de un ser querido; otros ante el mismo suceso se muestran más resignados, vale decir, aceptan más fácilmente la pérdida. Lo cual no sugiere que sea porque no les afecte, sino porque tienen otro patrón psicológico que les hace vivir la misma experiencia de forma menos dramática. Por otro lado, las guerras, las catástrofes (terremotos, huracanes, sismos, asesinatos), las violaciones, conmueven a las personas que las viven casi en la misma magnitud y si bien las diferencias personales también se ponen en evidencia, todos son conscientes del daño producido a sí mismos como a otros. En estos incidentes se suele hablar de estrés absoluto.
No pocas veces se suscitan varias controversias con relación al
estrés en parte porque este ha sido estudiado desde distintos enfoques los que son no solamente aceptados hoy, sino que además resultan bastante válidos, pues
el estrés es un concepto bastante amplio, complejo y, en algunas ocasiones,
difuso. Por ejemplo, los primeros estudios sobre el estrés lo evaluaron como una respuesta del organismo ante estímulos
(externos o internos); este fue el enfoque realizado por Han Selye al que tradicionalmente se le considera como el padre de la investigación sobre el estrés, misma que inicio en los años de 1930 aproximadamente. Tiempo después otros investigadores comenzaron a postular el estrés como el producto de factores estresantes que generan cambios en el organismo. Esta perspectiva hace hincapié en el estrés como un estímulo. Los estresores son los elementos que determinan el estímulo. Un ejemplo de ello son:
a) Las presiones, toda circunstancia donde nos vemos obligados a ir más lejos, a redoblar esfuerzos o cambiar de dirección. Esto puede darse a nivel laboral, académico, social o familiar.
b) Las frustraciones, estas ocurren cuando algo o alguien se interpone en nuestras metas. Se pueden dar por distintas razones: pérdidas, falta de recursos, demoras, fracasos o discriminaciones.
c) Los conflictos, son comunes cuando nos enfrentamos con dos o más demandas, necesidades o metas. Se pueden dar distintas forma de conflictos: de aproximación/aproximación, de aproximación/evitación y de evitación/evitación.
a) Las presiones, toda circunstancia donde nos vemos obligados a ir más lejos, a redoblar esfuerzos o cambiar de dirección. Esto puede darse a nivel laboral, académico, social o familiar.
b) Las frustraciones, estas ocurren cuando algo o alguien se interpone en nuestras metas. Se pueden dar por distintas razones: pérdidas, falta de recursos, demoras, fracasos o discriminaciones.
c) Los conflictos, son comunes cuando nos enfrentamos con dos o más demandas, necesidades o metas. Se pueden dar distintas forma de conflictos: de aproximación/aproximación, de aproximación/evitación y de evitación/evitación.
1) Tener que decidir ante dos propuestas que nos benefician igualmente (aceptar un puesto que nos fascina fuera de la ciudad u otro próximo a nuestro hogar pero que paga menos.
2) Tener que elegir entre dos condiciones ambas desfavorables para nosotros (elegir entre una operación de riesgo u optar por medicarse de por vida).
3) Tener que dejar una relación desgastante, pero que deseamos o seguir en la relación y vivir en continuo disgusto (Morris, 2005).
Si bien esta clasificación de los estresores no deja de ser arbitraria ayuda, sin embargo, a una categorización que divide con cierta precisión los diferentes focos, escenarios y circunstancias en que los estresores se hacen patentes.
En esa misma linea de estudio varios autores igualmente han clasificado los factores estresantes atendiendo a otras categorías, por ejemplo:
a) Factores estructurales: sobreentrenamiento, falta de descanso, trabajo excesivo, etc.
a) Factores estructurales: sobreentrenamiento, falta de descanso, trabajo excesivo, etc.
b) Factores químicos: contaminación de todo tipo, deficiencias nutricionales, alérgenos, etc.
c) Factores térmicos: temperaturas extremas (frio o calor excesivo)
d) Factores infecciosos: microorganismos patógenos...
A pesar de que hemos mencionado situaciones puntuales que generan estrés, este puede aparecer virtualmente en ausencia de estímulos sensoriales reales, como cuando anticipamos lo que sucederá al tener que presentar una prueba oral, al asistir a una cita amorosa o rendir cuenta en la oficina, etc.
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La experiencia clínica resalta el hecho
–que es de conocimiento general- de que algunas personas están mejor constituidas
que otras para enfrentar eventos y situaciones estresantes. En psicología a
este rasgo positivo se le conoce como fortaleza, lo que quiere decir que tales
individuos tienen un mayor control interno de la forma en que responden a sus
experiencias. También se les asignan otros nombres como: locus de control
interno o resiliencia. Desde una perspectiva socioeconómica la investigación ha demostrado que quienes tienen bajos recursos
económicos suelen, regularmente, estar más expuesto al estrés y ser algo más
vulnerables al mismo. Esto se debe, entre otras razones, a que tienen que
lidiar y enfrentar más a menudo situaciones de las que no tienen control total.
En cualquier caso, todos nosotros de una forma u
otra (consciente o inconscientemente), hacemos intentos para enfrentar las
condiciones estresantes. A esto se le ha calificado como: ajuste. Ajuste inadecuado y afrontamiento incorrecto propiciaran la cronificación del estrés. La efectividad
del ajuste, empero, depende muchas veces de factores como:
-la edad: los niños y los ancianos logran ajustes menos efectivos
-sexo: las mujeres suelen ser más vulnerables
-el estilo cognoscitivo: que se dice la persona a sí misma de lo que enfrenta, cuan optimista o no resulta ser
-la edad: los niños y los ancianos logran ajustes menos efectivos
-sexo: las mujeres suelen ser más vulnerables
-el estilo cognoscitivo: que se dice la persona a sí misma de lo que enfrenta, cuan optimista o no resulta ser
-temperamento: las personas flemáticas posiblemente se adapten mejor que los coléricos o nerviosos
-apoyo social: tener familia,
parientes, amigos, cónyuges, hijos o filiación a un grupo
- trabajo o recursos
económicos: estar empleado o gozar de una estabilidad económica ayuda
a sentirse más seguro
Algo que está muy relacionado con el
ajuste son los modos de afrontamiento que regularmente se emplean. Estos pueden ser de dos
clases: Afrontamiento directo y afrontamiento defensivo. El primero, que a la vez es el más saludable, suele
dividirse en:
a) Confrontación: cuando le damos la cara a la situación estresante
b) Negociación: estar dispuesto a ceder o no obtener todo lo que se esperaba
a) Confrontación: cuando le damos la cara a la situación estresante
b) Negociación: estar dispuesto a ceder o no obtener todo lo que se esperaba
c) Retirada: alejarse de lo
que provoca la tensión momentánea o permanentemente.
El afrontamiento defensivo, por su parte, aparece cuando surgen mecanismos de defensa que impiden un afrontamiento adecuado. La persona suele negar que su modo de proceder es poco asertivo, no desea reconocer la situación recurriendo a la represión o la justificación, pero sin hacer nada, efectivo que le ayude a superar su condición.
El afrontamiento defensivo, por su parte, aparece cuando surgen mecanismos de defensa que impiden un afrontamiento adecuado. La persona suele negar que su modo de proceder es poco asertivo, no desea reconocer la situación recurriendo a la represión o la justificación, pero sin hacer nada, efectivo que le ayude a superar su condición.
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Clásicamente
se habla de que durante el estrés el cuerpo puede pasar por tres etapas: alarma, resistencia, agotamiento. En cada una de ellas se activan
distintos mecanismos fisiológicos en el
cuerpo. En la etapa llamada de alarma se activa un componente neural con
alteración de la presión sanguínea, la frecuencia cardíaca y el aumento del
consumo de oxigeno. En la segunda etapa
entra en acción un mecanismo neuroendocrino, esto genera una abundante secreción de
catecolamina (adrenalina, noradrenalina y dopamina), que si se prolonga en el tiempo regularmente ocasiona malestares gastrointestinales, inquietud, conductas disruptivas, etc. Si se llega a la etapa de agotamiento el dispositivo
que entra en función es totalmente endocrino. Aquí hace su aparición una hormona
segregada por la corteza de las glándulas suprarrenales: el cortisol, mismo que produce un aumento de energía en el organismo al incrementar los niveles de azúcar en sangre, pero que también suprime otros sistemas, haciendo que las personas puedan enfermar. Algunos de los sistemas más vulnerables son: el gastrointestinal (gastritis, inflamación, ulceras), endocrino (desarreglos de la tiroides, bajo el nivel de testosterona, puede suprimir la menstruación, hipercolesterolemia, disfunción sexual, diabetes tipo II, etc.), cardiovascular (hipertensión, taquicardia, cardiopatías, etc.), y el inmunológico. Pero igual se perturban ciertas funciones tales como: la neurológica (cefaleas, insomnio, etc.), la nutricional (anorexia, bulimia, otras) o la dermatológica (reacciones alérgicas, dermatitis, prurito, caída del pelo, psoriasis, etc). En la esfera psicológica puede dar paso a la aparición de desajustes emocionales y del estado anímico (ansiedad y depresión) o agravar una condición mental previamente insana.
Uno de los órganos donde el estrés llega a impactar de manera más profunda es el cerebro, llegando a producir cambios en la propia estructura en áreas como la corteza pre-frontal, la amígdala o el hipocampo, mismas que pueden ver reducido su tamaño en los casos de estrés crónico. Debido a que estas zonas del encéfalo están estrechamente relacionadas con el aprendizaje, la memoria y la regulación de las emociones, el efecto en estas capacidades se ve muy mermado. Por eso a las personas bajo estrés les resulta menos factibles el aprendizaje, presentan mayores problemas de memoria (la memoria de corto plazo) y de concentración, tienen más dificultad para la toma de decisiones y manejan sus estados emocionales de forma menos asertiva.
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La mejor forma de modular el estrés es instaurando un
estilo de vida saludable que atienda a, por ejemplo, dormir entre siete u ocho horas, desayunar todos los días, no fumar, no consumir alcohol (o hacerlo moderadamente), hacer actividad física, alimentarse saludablemente. Un programa terapéutico para tratar el estrés precisa de una prescripción multifactorial que incluya:
-Técnicas de desactivación fisiológicas
Entrenamiento en relajación y técnicas de respiración profunda. La relajación siempre se ha recomendado para los estados de tensión y ansiedad. Si a ella se le agrega, además, alguna técnica de respiración (respiración profunda, rítmica, circular, etc. ) el efecto conseguido entonces es superior y, desde luego, contribuye mucho a desconectarse del estrés.
-Técnicas de modificación fisiológica:
1) Programa de ejercicio (musculación, aeróbico, yoga, etc.). Realizar actividad física produce muchos beneficios (en el cuerpo, emociones y mente). Por ejemplo, al hacer ejercicio el cuerpo libera una hormona que produce bienestar; esta es la endorfina, que actúa como un calmante natural en el sistema nervioso. Con ello se elimina, o por lo menos se reduce, la tensión muscular y nerviosa.
Con una rutina de ejercicio, realizada sistemáticamente, se garantiza una reducción del cortisol (la hormona más característica del estrés), se combate la ansiedad y puede igualmente llegar a ser efectiva en algunos casos de depresión, ya que aumenta los niveles de serotonina (sobre todo el ejercicio aeróbico). El ejercicio con pesas incrementa los niveles de testosterona, lo cual mejora el estado de ánimo, tanto en hombre como en mujeres. El ejercicio, por otro lado, mejora la calidad y la cantidad de horas de sueños, disminuye el colesterol, la grasa corporal, favorece la apariencia física (lo cual aumenta la autoestima) y mejora todos los parámetros cardiovasculares.
2) Nutrición y suplementación
Esto incluye el consumo de vitaminas del complejo B, vitamina C, minerales como el magnesio, potasio, calcio, zinc y el consumo de grasas poliinsaturadas como el Omega 3. A todo ello vale la inclusión de Adaptogenos (Ashwaganda, Rhodiola, Maca, Eleuterococo, esquisandra, entre otros) . El término adaptogeno surge en 1947 del científico Ruso N.V. Lazarev y son sustancias (de acuerdo a las investigaciones) que tienen la capacidad de normalizar y modular las funciones del cuerpo. Esto hace que el cuerpo logre adaptarse más fácilmente a las demandas del entorno (al estrés). Distintos estudios han demostrado que los adaptogenos pueden restaurar la energía física, así como la resistencia. Protegen al cerebro, mejorando la memoria, reducen los radicales libres, algunos actúan como ansiolíticos naturales mejorando los estados de ansiedad. Logran un impacto positivo en casos de depresión leve o moderada.
Puede incluirse igualmente en un programa de nutrición complementaria el uso de sustancias como L-Teanina que es un aminoácido que contribuye a la relajación del sistema nervioso central (sin provocar sueño) y disminuye la actividad excesiva del sistema nervioso simpático. La L-Teanina Reduce los síntomas asociados a la ansiedad y la fatiga mental. Existe alguna evidencia de que puede llegar a mejora la capacidad intelectual. Por otro lado, las investigaciones sugieren que aumenta tanto la dopamina como la serotonina, lo que instaura un nivel de bienestar mental bastante deseado. Otra sustancia recomendada es la magnolia cuyas propiedades son similares a la L-Teanina. Todos estos productos pueden conseguirse en tiendas naturistas y en algunas farmacias, pero cabe señalar que no son fármacos o medicamentos. Son de venta libre y, por lo regular, no tienen efectos secundarios adversos si se siguen las indicaciones del fabricante.
-Práctica de meditación (mindfulness: centrarse en el aquí y ahora).
La meditación es una técnica milenaria que busca focalizar la mente y aportar un estado de relajación profundo en el cuerpo. Desde mediados del siglo pasado comenzó a investigarse sobre sus posibles beneficios en pacientes con ansiedad y depresión y otras afecciones de salud (trastornos cardiovasculares, cáncer, hipertensión, problemas gastrointestinales, etc). A mitad de la década de los 70 (siglo pasado) Jhon Kabat-Zinn, de la Universidad de Massachusetts, empezó una serie de programas que incluían técnicas de meditación -la que posteriormente sería conocida mundialmente como Mindfulness- con grupos de pacientes con distintas patologías crónicas, logrando resultados bastante positivos en aquellos que seguían un programa de entrenamiento de 10 sesiones (una por semana). Actualmente el mindfulness se presenta como una de las mejores terapias para reducir o neutralizar los efectos del estrés crónico y muchos cuadros de ansiedad.
-Entrenamiento en terapia cognitiva/conductual
La psicoterapia cognitiva pretende dar un enfoque más positivo al dialogo interior de las personas, enseñándoles a bloquear la rumiación (que generalmente es negativa). Ayuda igualmente a instaurar una nueva perspectiva de los eventos de la vida, modificando las creencias desadaptativas. Esta terapia cumple además con los requerimientos de los tiempos actuales, ya que es un programa de corta duración y de sugerencias prácticas que permite en poco tiempo (si es llevado acabo puntualmente), obtener resultados favorables tanto en el cambio de conducta (comportamiento), el manejo emocional y la representación más racional en el modo de pensar y evaluar los acontecimientos y la vida misma.
-Técnicas de desactivación fisiológicas
Entrenamiento en relajación y técnicas de respiración profunda. La relajación siempre se ha recomendado para los estados de tensión y ansiedad. Si a ella se le agrega, además, alguna técnica de respiración (respiración profunda, rítmica, circular, etc. ) el efecto conseguido entonces es superior y, desde luego, contribuye mucho a desconectarse del estrés.
-Técnicas de modificación fisiológica:
1) Programa de ejercicio (musculación, aeróbico, yoga, etc.). Realizar actividad física produce muchos beneficios (en el cuerpo, emociones y mente). Por ejemplo, al hacer ejercicio el cuerpo libera una hormona que produce bienestar; esta es la endorfina, que actúa como un calmante natural en el sistema nervioso. Con ello se elimina, o por lo menos se reduce, la tensión muscular y nerviosa.
Con una rutina de ejercicio, realizada sistemáticamente, se garantiza una reducción del cortisol (la hormona más característica del estrés), se combate la ansiedad y puede igualmente llegar a ser efectiva en algunos casos de depresión, ya que aumenta los niveles de serotonina (sobre todo el ejercicio aeróbico). El ejercicio con pesas incrementa los niveles de testosterona, lo cual mejora el estado de ánimo, tanto en hombre como en mujeres. El ejercicio, por otro lado, mejora la calidad y la cantidad de horas de sueños, disminuye el colesterol, la grasa corporal, favorece la apariencia física (lo cual aumenta la autoestima) y mejora todos los parámetros cardiovasculares.
Puede incluirse igualmente en un programa de nutrición complementaria el uso de sustancias como L-Teanina que es un aminoácido que contribuye a la relajación del sistema nervioso central (sin provocar sueño) y disminuye la actividad excesiva del sistema nervioso simpático. La L-Teanina Reduce los síntomas asociados a la ansiedad y la fatiga mental. Existe alguna evidencia de que puede llegar a mejora la capacidad intelectual. Por otro lado, las investigaciones sugieren que aumenta tanto la dopamina como la serotonina, lo que instaura un nivel de bienestar mental bastante deseado. Otra sustancia recomendada es la magnolia cuyas propiedades son similares a la L-Teanina. Todos estos productos pueden conseguirse en tiendas naturistas y en algunas farmacias, pero cabe señalar que no son fármacos o medicamentos. Son de venta libre y, por lo regular, no tienen efectos secundarios adversos si se siguen las indicaciones del fabricante.
-Práctica de meditación (mindfulness: centrarse en el aquí y ahora).
La meditación es una técnica milenaria que busca focalizar la mente y aportar un estado de relajación profundo en el cuerpo. Desde mediados del siglo pasado comenzó a investigarse sobre sus posibles beneficios en pacientes con ansiedad y depresión y otras afecciones de salud (trastornos cardiovasculares, cáncer, hipertensión, problemas gastrointestinales, etc). A mitad de la década de los 70 (siglo pasado) Jhon Kabat-Zinn, de la Universidad de Massachusetts, empezó una serie de programas que incluían técnicas de meditación -la que posteriormente sería conocida mundialmente como Mindfulness- con grupos de pacientes con distintas patologías crónicas, logrando resultados bastante positivos en aquellos que seguían un programa de entrenamiento de 10 sesiones (una por semana). Actualmente el mindfulness se presenta como una de las mejores terapias para reducir o neutralizar los efectos del estrés crónico y muchos cuadros de ansiedad.
-Entrenamiento en terapia cognitiva/conductual
La psicoterapia cognitiva pretende dar un enfoque más positivo al dialogo interior de las personas, enseñándoles a bloquear la rumiación (que generalmente es negativa). Ayuda igualmente a instaurar una nueva perspectiva de los eventos de la vida, modificando las creencias desadaptativas. Esta terapia cumple además con los requerimientos de los tiempos actuales, ya que es un programa de corta duración y de sugerencias prácticas que permite en poco tiempo (si es llevado acabo puntualmente), obtener resultados favorables tanto en el cambio de conducta (comportamiento), el manejo emocional y la representación más racional en el modo de pensar y evaluar los acontecimientos y la vida misma.
Si se logra integrar la mayoría de estos puntos, o en su defecto algunos de ellos, la mejora o superación del estrés será muy evidente.

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