Todos conocemos personas que no escatiman esfuerzo alguno para denostar, denigrar, o censurar, desde una posición de superioridad, a casi todas las personas ya sean cercanas o no a su círculo inmediato. Sujetos que su sola presencia parece introducir en el ambiente una perturbación, con esa manera de tazar siempre de forma defectuosa aquello no suele ser de su agrado. Para tales individuos todo puede convertirse en materia de objeción. Parecería que tales personas hubiesen decidido hacer de la intimida ajena el territorio sobre el cual ejercer una permanente inspección.
¿Qué clase de
existencia interior puede conducir a un ser humano a semejante disposición?
Desde la psicología existe una explicación sobre este tipo de conducta. Por ejemplo, el
psicólogo Steven Stosny (2015), quien ha escrito extensamente en torno al
resentimiento, la ira y la victimización plantea algo particularmente
esclarecedor, sugiere que el resentimiento tiende a hacer que las personas
interpreten las acciones de los demás desde una perspectiva de agravio. Lo que intenta
mostrar es que no siempre el juzgamiento viene por descubrir que alguien es injusto;
en una cantidad de ocasiones el resentimiento mismo hace que se interprete como
injusto lo que no lo es. En lo que sigue trataremos de mostrar los motivos
subyacentes de esa funesta costumbre y por qué suele perpetuarse y fortalecerse
con el paso de los años.
La psicología
ha encontrado relaciones interesantes entre determinadas formas de malestar
interno y la conducta difamadora. Las investigaciones contemporáneas sobre regulación
emocional muestran, por ejemplo, que las dificultades para regular las
emociones y el empleo de estrategias desadaptativas se relacionan con una mayor
tendencia a la crítica hostil.. Una revisión sistemática publicada en Aggressive
Behavior (2026) , realizada por un equipo de investigadores encabezado por
Kimberley Smith y Steve Gillespie y que integró 137 artículos, 171 estudios y
más de 252,000 participantes, encontró una asociación positiva entre las
dificultades de regulación emocional y la agresión, particularmente con la
agresión reactiva. Esto último permite comprender algo que la observación
cotidiana ya había advertido mucho antes de que la psicología experimental
pudiera medirlo: el individuo que no sabe qué hacer con su propia irritación termina
frecuentemente haciendo algo con ella en el mundo exterior, y una de las formas
más común de canalizar esa frustración es desprestigiando la integridad de
otras personas.
A pesar de lo
dicho, cabe señalar que las personas felices pueden igualmente ser críticas en
determinados contextos, ya que la desaprobación justa resulta en ocasiones
necesaria. No toda denuncia y severidad es pues patológica. El problema
comienza cuando la crítica o el señalamiento dejan de ser un instrumento para
corregir algo y se transforma en una disposición permanente del carácter;
cuando ya no se censura una conducta, sino que parece necesario encontrar
siempre algo que descalificar. Es entonces cuando cabe sospechar que el
problema no se encuentra únicamente en aquello que el sujeto juzga, sino en el propio
individuo que necesita censurar. .
En realidad,
es imperativo darse cuenta de que el excesivo estado de vigilancia hacía los
demás, es una manera de escapar de la vigilancia de uno mismo. Erich Fromm
examinó esta cuestión desde una perspectiva particularmente penetrante. En El miedo a la liberta (1941), el
psicoanalista alemán mostró cómo el individuo que no ha desarrollado una
relación suficientemente autónoma consigo mismo puede intentar resolver su
inseguridad mediante mecanismos de sometimiento, conformismo o dominación. En El arte de ama (1956), el mismo autor, distinguió entre una
existencia centrada en el crecimiento y otra organizada alrededor de la
posesión, el control y la necesidad de apropiarse del otro. Desde esta
perspectiva, hay una diferencia fundamental entre amar a una persona y
necesitar gobernarla. El primero presupone libertad; el segundo, inseguridad.
Fromm denominó
orientación productiva a una manera de existir en la que el individuo
desarrolla sus capacidades, ama, crea y se relaciona con el mundo desde una
posición de mayor autonomía. La orientación improductiva, en cambio, queda atrapada
en formas de explotación, acumulación o dominio. El sujeto que necesita
permanentemente controlar a quienes le rodean -con instigación, critica,
señalamientos- difícilmente puede considerarse libre en sentido profundo;
necesita que los demás se comporten de determinada manera para conservar su
propia estabilidad, y cuando posee algún rasgo narcisista, necesita, además,
que se le reconozca –admire- por su intromisión consuetudinaria en los asuntos
de los otros. La paradoja que releva este modo de ser es el siguiente: algunas
personas que desean gobernar la vida de los demás, en realidad no han
conseguido gobernar satisfactoriamente la propia.
Resulta psicológicamente más cómodo descubrir el defecto de un compañero de estudio, un colega del trabajo o un vecino que contemplar el propio. Es menos doloroso hablar de irresponsabilidad del hijo ajeno que preguntarse por las propias deficiencias como padre; criticar la conducta o las decisiones de alguien que confrontar las frustraciones personales. El juicio constante sobre un tercero suele ser una forma, muy rudimentaria, convengamos, de anestesia psicológica. Mientras se está ocupado en señalar lo que está mal en el otro, no se tiene tiempo de preguntarse demasiado que está ocurriendo en la propia vida. En ese sentido, la crítica destructiva posee una función defensiva. No siempre pretende corregir al otro; en la inmensa mayoría de la veces lo que pretende es restaurar el equilibrio interno de quien reprocha.
Di
Los sujetos
psicológicamente estables pueden incluso reconocer los méritos ajenos sin
sentir que el suyo disminuye. En ese sentido, admiran sin sentirse humillados y
aceptan que otros sean más inteligentes, más atractivos o más exitosos sin
experimentar una herida narcisista. Para tales personas la existencia del otro,
no constituye una amenaza para su identidad. De esto surge una importante
cuestión: las personas sanas también se irritan, se entristecen, siente envidia
ocasional, experimentan frustración y pueden tener deseos de responder
agresivamente. La diferencia está en que esos estados no gobiernan
sistemáticamente su conducta. Por ello ante una situación difícil pueden
disentir sin atropellar; corregir sin despreciar; exigir sin tiranizar. La
estabilidad interior no elimina el conflicto pero si modifica la manera de
enfrentarlo
Hay algo más
profundo todavía: las personas que viven razonablemente bien consigo mismas
suelen tener una mayor disponibilidad psicológica para los demás. No porque
sean necesariamente santas, bondadosas o altruista en sentido absoluto, sino
porque no están permanentemente ocupadas en defender una identidad herida. La
investigación contemporánea encuentra, de hecho, una relación positiva entre
bienestar y conducta prosocial (López et al., 2018). La correlación entre
conducta prosocial y salud mental (Campayo et al., 2024) tiene cada vez más
evidencia. La lección que nos deja estas referencias es bastante clara: sanar la
amargura nos vuelve más tolerante; el desarrollo de la tolerancia, igualmente,
puede desarticular la amargura.
Referencias:
Fromm,
Erich (1941). El miedo a la libertad
Fromm,
Erich (1956). El arte de amar
Garcia-Campayo,
J., Barceló-Soler, A., & col.(2024). Exploring the relationship between
self-copassion and compassion for others: Therole of psychological distres and
welbening. Assessment.
López,
A., Sanderman, R., & col. (2018). Compassion for others and
self-compassion: Levels, correlates, and relationship with psychological
well-being. Mindfulness.
Park,
S.W., & Colvin, C.R. (2015). Narcissim and other-derogation in the absence
of ego threat. Journal of Personality.
Stosny,
Steven (2015). Vivir y amar después de una traición: Cómo sanar el abuso
emocional, el engaño, la infidelidad y el resentimiento crónico. México. Editorial
Aguilar.
Smith, K.
Jones, A., Daly, N., Widdrington, H., Garofalo, C., & Gillespie, S.M.
(2026). Emotion Regulation and Aggression: A Systematic Review and
Meta-Analysis. Aggressive Behavior.
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